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¿ERES SINCERA CONTIGO MISMA? CUATRO CONSEJOS PARA AVERIGUARLO.

Qué importante y necesario es serte honesta. Cuando te conoces bien, escuchas las señales de tu cuerpo, sabes identificar tus límites y vives en coherencia con ello, te haces un enorme favor. ¿Eres sincera contigo misma? Te doy cuatro consejos para averiguarlo:

  • Para conocerte bien, has tenido que ir observándote y revisándote en las diferentes experiencias de tu vida. Has tenido que ir aprendiendo de tus emociones y lo que éstas te han ido enseñando acerca de ti misma en cada circunstancia.
  • Para escuchar las señales de tu cuerpo, has tenido que prestarle atención. Has tenido que ir regulando tu actividad, hasta dar con el equilibrio entre ella y tu descanso. Has tenido que fijarnos en los signos físicos para comprenderte mejor.
  • Para identificar tus límites, has tenido que discernir entre tu mundo emocional y tu plano físico. Has tenido que revisar los excesos y cómo te has sentido en diferentes situaciones y recomponerte de ellas. Has tenido que sufrir, para adquirir el aprendizaje y vivir conociendo tus límites. En el plano físico, has podido experimentar los derroches de actividad y has reconocido y aprendido cuándo te conviene parar.

Cuando vives en coherencia con todo lo anterior, cuando te respetas y eres sincera contigo misma, has aprendido a vivir en un equilibrio, oscilante a veces, que te aporta una calidad de vida y un estado de paz interior que merecen la pena descubrir e implantarlos en ti. 

Se trata, pues, de una forma más de amor propio.

EL CASO DE MIREIA

Mireia vivía pendiente de lo externo. Ella tenía una vida diseñada sin considerarse a sí misma.

Y de manera cíclica su cuerpo le gritaba los límites que ella era incapaz de poner y ponerse.

Así que acudió solicitando un proceso para encontrar ese equilibrio que tanto necesitaba.

Mireia fue descubriéndose, aprendiendo a reconocer su cansancio, lo que se lo provocaba. Fue identificando lo que no le hacía bien de su entorno, fue identificando las situaciones que le desgastaban tanto sin necesidad, fue identificando las personas que no le aportaban.

Fue regulando su actividad de acuerdo con su momento del ciclo, aceptándose a la hora de no resultar igual de productiva en cada fase.

Fue incorporando ratos de no hacer, algo que era impensable para ella. Y sintiéndose bien con ello. Fue leyendo por placer, y no por trabajo. Negoció un nuevo contrato con menos jornada laboral.

Y poco a poco su realidad iba siendo coherente con ella.

El proceso de Mireia sufrió altibajos porque era una mujer que había estado permanentemente activa. Adicta al no parar. Así que hubo piedras en el camino, que fue apartando conforme volvía a confiar en ella.

Leire Lizarraga.

Coach Transpersonal y Espiritual.

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