Foto pareja

La historia de Celia y Arturo.

Esta es la historia de Celia y Arturo, una pareja que llevaba toda la vida, como quien dice.

Celia había crecido en un ambiente de respecto y cariño. Arturo estaba habituado a los gritos y un trato poco cariñoso.

Los nacimientos de sus dos hijas y su hijo supusieron grandes retos en sus vidas. Arturo, con cierta frecuencia, reproducía los gritos y las formas a las que estaba habituado. Celia comprendía el porqué de que lo hiciera así, pero cada vez sufría más por las maneras en las que Arturo se comunicaba con sus hijas e hijo.

Ella rechazaba desde lo más profundo de su ser ese trato. Entendía que nadie merecía ser tratado ni hablado como esas veces en las que Arturo lo hacía con las niñas y el niño. Y lo hacía con las personas que más amaba en el mundo.

Celia pasó años guardándose su sufrimiento. Además, no era capaz de compartirlo con nadie, por su miedo a que tacharan de algo a su marido. Así que aparentaban una vida feliz, cuando ella cargaba con tanto sufrimiento.

Por suerte, Celia apostó por leer mucho acerca de esto. Y poco a poco pudo comprender que ella no estaba equivocada. Que todo su sufrimiento tenía un sentido y que quien lo generaba era Arturo (cuando gritaba o trataba sin cariño a sus hijas e hijo).

No era ninguna exageración. Cuando alguna vez habían conversado acerca de esto, Arturo le transmitía que bastante paciencia tenía con todo. Se comparaba con otras familias en las que los gritos y las formas no eran de respeto. Así que esto terminaba convenciendo a Celia. No es para tanto, soy una exagerada, se decía.

Le atribuía la responsabilidad de querer criar así a sus hijas e hijo y le reprochaba que nada era suficiente para ella, que él ya le había apoyado en la manera en la que quería hacer las cosas y que estaba harto de tener que hacer todo a su manera.

Celia tuvo que renunciar a una vida en común con su marido. Él no iba a cambiar su capacidad comunicativa ni estaba interesado en adquirir herramientas para mejorarla. A pesar de que Celia había dispuesto recursos a su alcance.

Celia se divorció. Con terror de haberse equivocado en su decisión. Con pánico a arrepentirse. Pero lo hizo.

Aquellas vivencias se esfumaron. Arturo no quiso asumir un cuidado de las hijas e hijo equitativo y esto tranquilizaba a Celia. Ella iba a asumir una proporción mayor en ese cuidado y no iba a vivir con tanta angustia las estancias de padre e hijas e hijo.

Diseñaron una nueva vida adaptada a su familia en concreto. Celia recobró su calma y su serenidad. Muchas veces se sentía culpable por haber elegido a Arturo como padre de sus hijas y su hijo. Aunque al mismo tiempo, estaba orgullosa de haberse sentido con las fuerzas suficientes para divorciarse y haber organizado su vida tal y como lo habían hecho.

A lo largo del proceso hubo varios temas que conllevaron conflicto, tendían a ser cuestiones económicas y materiales que inquietaban sobre todo a Arturo, y con ayuda consiguieron rebajar posturas y negociar su resolución.

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