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UNA RELACIÓN DE PAREJA NO ES LLANA

Una verdad como un templo. Una relación de pareja no es llana. En la medida en la que la vida misma no es llana, una relación de pareja no es llana.

Tanto tú como tu pareja tenéis una historia y un mundo emocional, además de vuestra vida propia al margen de la relación que os afecta. A veces poco y otras mucho, quizás demasiado.

Depositar en una relación de pareja la idea de que deba ser ideal y perfecta supone en muchas ocasiones una verdadera frustración. Esto no es posible. Han tantos factores y tan diversos que interfieren en una relación, que tú con tu capacidad podrás manejarte más o menos en ciertas circunstancias vitales, pero tu pareja no tiene, quizás, tu misma capacidad.

¿Y entonces qué sucede? Que puede llegar el conflicto o la crisis. ¿Por qué? Porque es necesaria para evolucionar.

Sientes que todo se desestabiliza, pero tu amor y el suyo, con la reflexión y la humildad, resuelven la situación.

Humildad. Siempre. Necesaria. Para una reflexión sincera, para una revisión desde el alma. Y si no puedes sola, pide ayuda. Y si no puedes solo, pide ayuda.

Permitir que el orgullo y el ego dominen tu vida y llegues a aceptar perder una relación e incluso una familia por no pedir esa ayuda es verdaderamente destructivo. ¿Y eso? Pues porque a la larga, esa ayuda que te interesa recibir va a ser maravillosa para ti. Primero para ti y luego para tu relación y tu familia, si la tienes.

No es fácil reconocer la necesidad de ayuda. Lo sé. Pero a veces eres incapaz de ver en ti eso que las personas de tu entorno cercano ven tan claras en ti. ¿Recuerdas que hacen de tu espejo?

El caso de Fran.

Fran tenía una familia que la conformaban 4 personas. Su mujer, sus dos hijas y él.

Fran se había ido empapando del aprendizaje de su mujer y madre de sus dos hijas en relación a la crianza y la educación. Trataba de actuar con respeto hacia ellas, aunque no respondía como necesitaban en muchas ocasiones, sintiéndose desbordado ante sus llantos, o momentos emocionales intensos.

Eva, su mujer, era una mujer muy inteligente y con una enorme ambición para el aprendizaje y los nuevos retos vitales. Sacaba lo mejor de sí misma allá donde iba.

Fran se dejaba llevar. Sin un rumbo ni un objetivo vital claros, se comparaba con Eva y se sentía inevitablemente inferior. Este sentimiento de inferioridad podía apreciarse en diferentes aspectos de su vida: se enfadaba por cualquier cosa, mantenía una queja constante, desconfiaba de las personas, reaccionaba impulsivamente, no expresaba su sentir y se mostraba a veces agresivo.

Fran tenía una familia de origen que había tratado las dificultades y los problemas como un tema tabú. Aquello se callaba. Aunque, en apariencia, mostraran que todo estaba bien. Fran había sido víctima de muchos desprecios por parte de la figura de su padre y abuela paterna. Y Fran no había tenido a su madre como refugio.

Él no era consciente de lo que había supuesto ese trato en su persona. Él explicaba sus actuaciones como una consecuencia de lo que presenciaba o sucedía. Fran no asumía su responsabilidad. Su vida se había convertido en una amarga. Sin ilusión, sin humor, apagada.

Eva se encontraba en la tesitura de esperar a ver si algo mejoraba en él. Conocedora de que si Fran no estaba bien consigo mismo, no iba a poder estar bien con ellas ni con nadie, le propuso buscar ayuda profesional, que él rechazo. Fran se mantenía en su postura de que sus actuaciones tenían explicaciones, y atribuía la culpa a cuestiones externas, siempre.

Así que Eva, observando el desequilibrio y la falta de consciencia en la relación que tenían en la actualidad, decidió ponerle fin. Ella deseaba que prosperara, pero no así. Se había convertido en algo intolerable y pudo hacérselo saber a Fran.

Fran, no fue hasta cuando comprendió la dimensión de la situación, que empezó a ser consciente de lo que estaba sucediendo. Contaba con que Eva hubiera permanecido siempre para él. Siempre siendo su apoyo, siempre comprendiéndolo y amándolo de una forma incondicional. Y Eva no era su madre. Aquí pudo comprender que, si verdaderamente amaba a su mujer e hijas, debía trabajarse. Primero por él mismo.

Fran inició un proceso de coaching en el que pudo establecerse objetivos y trabajar en profundidad todo aquello que necesitó para alcanzarlos.

Recobró sus motivaciones. Recobró su equilibrio. Recobró su felicidad. Y junto a todo ello, recobró a su familia.

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